Ep.7; «Envueltos en plástico»

Almería es una de las zonas agrícolas más importantes de Europa. Gracias a los invernaderos, a finales de los años 70 se inició una revolución técnica que transformó el desierto del territorio circundante en un vergel de hortalizas. Cuatro décadas después, el desarrollo económico de la zona se ha consolidado pero, a su vez, han emergido problemáticas sociales y medioambientales.

Una vez cumplido su ciclo útil, el plástico necesario para el funcionamiento de los invernaderos se ha convertido en un problema mayor. La falta de un sistema de gestión de los desechos inorgánicos eficaz ha provocado que el campo y las ramblas circundantes a los invernaderos sean basureros al aire libre, en los que toneladas de plásticos se amontonan sin control.

La imagen de los jirones de plásticos a merced del viento que terminan envolviendo y sofocando las plantas del desierto almeriense es muy gráfica. Pero lo peor no sucede ante nuestros ojos. La acción del sol descompone, poco a poco, el plástico hasta convertirlo en partículas cada vez más diminutas. Los microplásticos y los nanoplásticos terminan mezclados en el suelo, convirtiéndose en parte del bioma local, entrando así en la cadena trófica.

El descubrimiento en el 2020, por parte de un grupo de científicos italianos, de que las plantas cultivadas absorben a través sus las raíces los nanoplásticos, y que acaban alojadas en las verduras producidas, plantea un horizonte en el que la presencia de plásticos en los suelos cultivados supondrá un problema de salud pública.